Lord Jim

Lord Jim de Joseph Conrad

Lord Jim escrito en el año 1900.
Lord Jim es el típico libro que no tendría mucho éxito hoy en día y puede que hasta tuviera problemas para editarse; de hecho Conrad no fue lectura de masas hasta el final de su vida y ya había editado más de la mitad de sus obras maestras para entonces. Pero no se editaría hoy porque la novela gira entorno a unos valores que están en decadencia hoy en día: el sentido del honor y de la responsabilidad.

El libro tiene un problema, el narrador. Es una historia contada por el capitán Marlow a sus amigos; pero el lector ve através de uno de los presentes, una de esas personas a las que Marlow cuenta la historia. Por eso al principio no me enteraba de quien hablaba en primera persona, si Marlow o el narrador omnisciente.

Estoy muy de acuerdo con este resumen sobre el protagonista que he encontrado en internet. “A Lord Jim sólo le importa haberse fallado a sí mismo. El que eso traiga conflictos con la sociedad o no, es secundario. Si el ser fiel a sí mismo le conduce a la muerte, es cuestión sin importancia. En Lord Jim se trata, además, de la casi permanente incomprensión o desprecio de este tipo de persona radical y los constantes malentendidos que provoca su naturaleza insólita e indómita”. Precisamente esa temperamento era el que daba problemas al propio Joseph Conrad.
Hay un tema implícito en el contenido de la novela: el valor. Jim está conscientemente seguro de haber actuado correctamente pero inconscientemente cree que se comportó como un cobarde y vive aterrorizado con la idea de que alguien lo piense, el simple hecho de que alguien lo piense es una deshonra para él, por eso vive atormentado huyendo de un sitio para otro, sin encontrar un lugar donde pueda calmar definitivamente su conciencia porque el pasado siempre vuelve.
En el fondo Jim está convencido de que debió haber muerto en ese barco, se arrepintió de haber saltado para salvarse. Es un síndrome cuyo nombre desconozco pero recuerdo haber leído hace años.
Lo que ocurrió en el barco lo sabemos definitivamente en el capítulo VII. Es una situación muy parecida a la del Titanic (la misma situación realmente). Léanlo y juzguen ustedes; creo que Jim hizo lo correcto. Si hubiera sido un pasajero hubiera preferido la decisión de Jim a la otra alternativa.
A Jim era una cosa que lo fastidia y era la evidente cobardía del capitán y del resto de la tripulación. El estaba muy sosegado cuando el barco se hundía y los demás lo odiaban por su conducta; a su vez Jim los odiaba por su comportamiento, por su falta de entereza ante la muerte. La tranquilidad con la que Jim aceptaba el destino ponía furiosos a los otros marineros ¡incluso lo llamaron cobarde!. Esa frialdad ante la propia muerte, explica muy bien Conrad, que viene dada por el sentimiento de derrota ante los acontecimientos y también por falta de apego a la vida.

El Capitán Marlow ve en Jim a “uno de los suyos”, una persona con su esquema mental, con sus mismos valores. Yo observaba a aquel joven. Me gustaba su aspecto; lo conocía; procedía del lugar adecuado: era uno de los nuestros. Encargaba a todos los de su clase, hombres y mujeres en absoluto inteligentes ni divertidos, pero cuya misma existencia se basa en una fe sincera en el instinto y en el valor. No me refiero al valor militar, ni al civil, ni a ningún tipo especial de valor. Me refiero tan sólo a una capacidad innata para mirar de frente a las tentaciones – una disposición nada elaborada racionalmente, bien lo sabe Dios, pero libre de fingimientos-, una fuerza para resistir, no sé si ven lo que les digo, nada elegante, si quieren, pero inapreciable –una bendita rigidez no premeditada frente a los terrores externos y los internos, frente al poder de la naturaleza y la seductora corrupción de los hombres-, apoyada en la fuerza de los hechos, en la capacidad contagiosa del ejemplo, en las existencias de las ideas. ¡Que se hundan en el infierno las ideas! ¿no son más que zánganos, vagabundos que llaman a la puerta trasera de la mente para irte quitando la esencia, para irse llevando, grano a grano, la creencia en unas cuantas nociones a las que uno se debe agarrar si quiere vivir decentemente y morir tranquilo!
¡Esto es muy de Conrad!

Le profetizó el desastre a causa del cansancio y la repugnancia ante los honores adquiridos, la tarea auto impuesta y el amor nacido piedad y la juventud. Dijo que conocía tan bien “ese tipo de cosas” , su satisfacción ilusoria, su inevitable decepción. Dijo también –creo recordar- que “entregarles la vida a ellos” (ellos significaba toda la humanidad de piel parda, amarilla o negra) “era como venderle el alma a una bestia”. Afirmaba usted que “ese tipo de cosas” eran soportables y perdurables sólo cuando se basaban en una firme creencia en la verdad de las ideas que son racialmente las nuestras, y en cuyo nombre se establece el orden y la moralidad de un progreso ético. “Necesitamos tener en la retaguardia la fuerza que nos dan”, dijo usted. “Precisamos de una creencia en su necesidad y su justicia para poder ofrecer nuestras vidas en un sacrificio válido y consciente. Sin esa creencia, el sacrificio será tan sólo olvido, y el camino de la entrega no es mejor que el de la perdición”.
¡El sentido de la vida tan importante para un ser humano y la poca confianza que Conrad tiene en este!

Para entender este párrafo a continuación tal vez tienen que haber leído antes El Corazón de las Tinieblas. De ese modo saldó Brown sus cuentas pendientes con la malévola Fortuna. Observe que, incluso en esta espantosa acción, mantiene la superioridad de quien imprime su derecho –en un sentido abstracto- incluso a sus más vulgares deseos. No se trató de una masacre ordinaria y traicionera; fue una lección, una retribución…, la demostración de un oscuro y espantoso atributo de nuestra naturaleza que, mucho me temo, no se encuentra a tanta distancia de nuestra superficie como nos gustaría pensar.
Je,je,je ya sabía yo Conrad tiraría por sus fueros… o por sus recuerdos.

Evidentemente no toda la novela son reflexiones sin acción; la historia se mueve, hay amor, aventura, nuevas enemistades pero los temas principales permanecen y Jim se convierte en “Lord Jim” ó “Tiuam Jim” y tiene la oportunidad de remendar los errores de su vida.

El consejo personal de Conrad a sus lectores:
La virtud es sólo una en el mundo entero; y sólo existe una fe, una manera de comportarse en la vida, una forma de morir. Espera que su “querido James” nunca olvide que “aquel que una sola vez le cede el paso a la tentación, se pone en ese mismo instante en peligro de acabar en una depravación total y una condenación entera”.

Si juntamos todas las concepciones que tiene Conrad de “uno de los nuestros” nos encontramos con seres humanos con capacidad para resistir tentaciones (las que el propio Conrad experimentó en el Congo, la codicia, la sed de poder, la crueldad innata); esa sinceridad consigo mismo y con los demás, ese valor para encarar su propia realidad, su propio ser; ese sentido de honor, de la responsabilidad, de la lealtad, ese amor al género humano….
Esos valores morales que tanto caracterizan a Conrad y se ven tanto en sus escritos y a mí me gustan tanto…¡Sí señor Conrad, usted sí es uno de los míos!

La película aún no la he visto pero hace poco salió a la venta en DVD

Director: Richard Brooks
Reparto: Peter O’Toole, James Mason, Curd Jürgens, Eli Wallach, Jack Hawkins, Paul Lukas, Daliah Lavi, Akim Tamiroff, Juzo Itami
Año: 1965
Fecha de lanzamiento en DVD: 15 septiembre 2004
Duración: 148 min

 

 
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