El negro del Narcissus

El negro del Narcissus
El negro del Narcissus de Joseph Conrad

 

 
 
Título El negro del Narcissus
Título original: The Nigger of the ‘Narcissus’
Autor: Joseph Conrad
Año de la primera edición: 1897
Año de esta edición: 2008
Páginas: 263
Edita: Alianza editorial




-“Cualquier obra que, en mayor o menor medida, aspire a la condición de arte debería contener su propia justificación en cada una de sus líneas. Y el arte mismo puede definirse como un obstinado esfuerzo por hacer la más alta justicia al universo visible, sacando a la luz la verdad, una y múltiple, que subyace en cada una de sus manifestaciones. Es un intento de encontrar en sus formas, en sus colores, en su luz, en sus sombras, en los aspectos de la materia y en los hechos de la vida lo que en ellos hay de fundamental, lo que es duradero y esencial su cualidad más iluminadora y convincente-, la auténtica verdad de su existencia. Así pues, el artista, como el pensador o el hombre de ciencia, busca la verdad y nos la ofrece…
El artista apela a aquella parte de nuestro ser que no depende del saber; aquello que poseemos como don y no como adquisición, y que, en consecuencias, es más resistente y duradero. Apelo al temperamento, a nuestra capacidad de disfrute y asombro, al halo de misterio que rodea nuestra vidas, a nuestra aptitud para sentir comprensión, apreciar la belleza y experimentar dolor; al latente sentimiento de hermandad con toda la creación y a la sutil pero invencible convicción de que hay una solidaridad que entrelaza las soledades de innumerables corazones: la solidaridad en los sueños, en las alegrías, en los pesares, en la aspiraciones, en las ilusiones, en las esperanzas, en las temores, que une a todos los hombres entre sí, que une a toda la humanidad, a los muertos con los vivos con los que están por nacer”-.


La primera referencia que tuve de este libro fue porque leí en un prólogo de editorial de otro libro en el que se reproducía un fragmento de El Negro del Narcissus. Debo decir que creía que esta entrada estaba hecha desde hacía tiempo, pero me equivoqué por lo visto. Lo debí dejar escrito pero no lo llegué a subir a la red.
Por el nombre del título alguno puede creer que el tema es el racismo o la intolerancia; nada de eso, de hecho ningún personaje muestra opiniones ni pensamientos racistas.
 
El Negro del Narcisus (o el Narciso), cuenta la historia de un barco que parte de Bombay a Londres.  Cuando se está llevando a cabo el recuento de los tripulantes aparece Jim Wait, un hombre de raza negra que afirma ser miembro de la tripulación pero afirma que está muy enfermo y se está muriendo. Los tripulantes se sienten movidos por la piedad e intentan ayudar a Jim todo lo posible; Jim muchas veces les recrimina no ser compasivos con un pobre moribundo. La enfermedad de Jim (real o supuesta) se convierte en la pesadilla, como dice el narrador –Su presencia dominaba la atmósfera del barco. Escuchando en la supuesta inminencia de su muerte, pisoteaba nuestro amor propio y nos demostraba día tras día nuestra falta de coraje moral. Envenenaba nuestras vidas-. En el libro siempre está la duda de si está fingiendo. Es impresionante el desasosiego que produce la presencia de Jim y cómo los marineros pierden la confianza en sí mismos por su culpa y cómo se sienten responsables de él.  
Después en el libro hay una “segunda parte”, por así decirlo, se trata del tifón (habitual en las novelas de Conrad porque vivió muchos); los personajes desde el momento que el barco está escorado a babor empiezan a pensar en sus vidas. Es interesante cómo precisamente los dos personajes más violentos, malhumorados y despreciativos de la vida son los que logran romper el paroxismo del miedo en el que se haya la tripulación en esos momentos. Es curioso ver como la furia o la violencia pueden convertirse en un salvavidas para la mente ante una situación de terror insoportable, de ver una muerte agónica y cercana.
Conrad no tiene en este libro el pesimismo de Nostromo o El Corazón de las Tinieblas, incluso Lord Jim. Es una visión más neutra, más variada. Pese a eso, es curioso ver cómo Joseph Conrad  se fía más del mar que de las personas, lean sino estos dos párrafos:
 
La auténtica paz de Dios empieza en cualquier punto a mil millas de la costa más cercana; y, cuando el Todopoderoso envía a él a los mensajeros de Su voluntad, no lo hace encolerizado contra el pecado, la soberbia o la estupidez, sino paternalmente, para aleccionar a corazones sencillos, corazones ignorantes que no saben nada de la vida y laten ajenos a la envidia y la codicia-.
(Sobre las olas)-Desde su inalcanzable y eterna calma, titilaban duras y frías sobre la agitación de la tierra, rodeando por todas partes al vencido y atormentado barco, más despiadadas que los ojos de una turba victoriosa y tan inaccesible como los corazones de los hombres-.
 
No hace falta que diga que el misterio de Jim se resuelve.  Me llama la atención que este libro ha mantenido su popularidad desde el primer día que se editó hasta hoy; nunca se ha dejado de editar.

 

 

 

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